Gobierno consiente fórmula perversa de obtener tierra sin ningún esfuerzo

En el reciente caso de invasión al Cuartel de la Victoria, el Gobierno ha dado un ejemplo patético de celo por un espacio público y la obediencia a las leyes, manteniéndose de brazos cruzados ante la flagrancia transmitida en vivo. (Foto: 780 AM).

El reciente caso de la invasión al Cuartel de la Victoria, y los detalles que rodean al caso, concluyen en que el paraguayo que no tiene tierra propia es porque no quiere, o se niega a asumir la condición de “necesitado”, con todos los condimentos inherentes, entre ellos pertenecer a una organización que responde, en la generalidad, a líderes con enormes intereses creados de poder y dinero.

Según las evidencias, la sensibilidad social ha caído en segundo plano, luego de que perfiles falsos tomaran la posta y lograran ventajas por partida doble, entre ellas importantes espacios de poder que mañana serán utilizados para mantener el statuo quo y perseguir objetivos más apetecibles con el invaluable acompañamiento de fieles.

No es cuestión de levantarse a los tumbos contra el sistema organizado y las leyes de la República.

Existen épocas doradas para la presión social y las manifestaciones de descontento, como las presentes vísperas de elecciones, donde los detentadores del poder no reparan en sutilezas –la obediencia al orden establecido- a la hora de cazar prosélitos.

El propio Gobierno, a través de sus instituciones representativas, invita a delincuentes en potencia a hacer vito de la ley con el recurso de la reivindicación social, especialmente tierra y vivienda, que la misma ley regula con el cumplimiento de requisitos que los indignados se niegan a cumplir, con acompañamiento mediático debidamente orientado a satisfacer demandas de sectores presentados en sociedad como “excluidos”.

La sed de poder, arropado detrás de votos de valor incalculable, ha llevado al país a todo tipo de atropellos.

Lo peor de todo es que los mismos actores del Gobierno callan los abusos, permaneciendo patéticamente ciegos, sordos y mudos ante casos flagrantes de violencia contra el Estado de Derecho, dando de esta manera un penoso ejemplo de mala praxis, que a nivel popular puede resumirse de esta manera: “Señores antisociales, hagan lo que quieran, con tal de no arruinar nuestra sed de poder”.

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