Escrache virtual invasivo para mujeres paraguayas que apoyan el acoso sexual

“Si se considera grave que personas con aparente estado mental saludable den su apoyo público y sin ningún rubor a un acosador sexual, es peor aún si los defensores de esta práctica aberrante son mujeres”, afirma este jueves en su sitio social la ciudadana Andrea Magalí Frutos, que suma así su escrache virtual al de centenares, tal vez miles, de indignados e indignadas sociales que repudian al ahora ex director de Migraciones, Julián Vega.

El político colorado abdista colocó a Paraguay en el ojo de las noticias internacionales el pasado lunes, cuando fue expulsado de Taiwán tras haber sido denunciado por una ciudadana de aquel país oriental de haber sido manoseada durante un acto público donde se encontraba de visita oficial el presidente de nuestro país, Mario Abdo Benítez.

Vega, quien se desempeña como líder colorado de Mariano Roque Alonso, con la vergüenza a cuestas retornó este jueves de madrugada, cuando fue recibido en el aeropuerto Silvio Pettirossi por un grupo de alegres seguidores que, en vez de cuestionar la acción del dirigente, se dedicó a cantarle loas, profiriendo insultos racistas contra la mujer china que denunció el acoso.

“Esto que se ha visto constituye el verdadero pelaje de la idiosincrasia política criolla, donde prosélitos convertidos en empleaditos venden sus conciencias y lo poco de dignidad que tienen por un puñado de cargos o dinero”, afirmó Dionisia Fretes en su sitio social.

El caso causó una ola de indignación ciudadana, mientras sectores y organizaciones comprometidas con los derechos de la mujer se llamaron a silencio.

Ni una sola entidad no gubernamental, y menos aún oficial, se pronunció en repudio del seccionalero y en defensa de la taiwanesa que denunció haber sido agredida en su dignidad de mujer.

Fue el propio gobierno, a instancias del propio presidente Abdo Benítez, el que tomó la decisión de sacar de en medio a Vega, quien según se supo descansó en su domicilio particular esta mañana, y a la tarde fue visto departiendo con sus leales sin señales aparentes de arrepentimiento.

En su defensa, el político de profesión abogado dijo que no cometió abuso alguno, y que fue erróneamente interpretado el hecho de que tocara el muslo de su traductora denunciante.

“En Paraguay es común hacer eso”, dijo en su descargo ante medios taiwaneses, sin reparar en la falsedad de sus expresiones, que a punto estuvieron de generar un escándalo diplomático mayúsculo y colocar de entrada una fuerte mancha a la gestión de gobierno actual.

 

 

 

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