EPP, narcotráfico, pobreza y corrupción, enormes desafíos del nuevo presidente

La producción y tráfico de drogas gozan de buena salud en Paraguay. Una pesada carga que mantiene históricamente vulneradas las instancias de represión y control, y que colocan a Marito ante un enorme desafío.

Cuatro meses de tiempo hasta el próximo 15 de agosto, el lapso de la transición previa a la asunción al cargo, tiene el presidente electo del Paraguay para diagramar –si esa es su intención- una política de gestión que atienda de forma prioritaria problemas graves que soporta el país, específicamente la amenaza del ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), el tráfico y la producción de drogas, la pobreza extendida en el campo y en la ciudad, y la corrupción impune en la función pública.

Se trata de un desafío en serie, que requerirá seguramente de Mario Abdo Benítez una gran dosis de valentía y patriotismo, más aun si se tienen en cuenta los enormes intereses en juego, que durante todo este tiempo han echado raíces profundas difíciles de arrancar por métodos convencionales.

El EPP es una agrupación que reivindica una ideología político-militar, pero en la práctica se desempeña como una rosca mafiosa dedicada a generar terror para operar con la droga sin molestia alguna.

De hecho, el norte del país se ha convertido en tierra fértil para el narcotráfico, que genera recursos ilícitos por montos exorbitantes y adeptos cada vez más numerosos tentados por el dinero rápido y fácil.

Paraguay figura tradicionalmente como el país número 1 en la producción de marihuana, un estigma que nunca se ha podido sacar de encima con los sucesivos gobiernos democráticos, y de proveedor ha pasado a ser también consumidor, a tenor de las estadísticas divulgadas por el gobierno.

La pobreza es otro mal que castiga con fuerza al Paraguay.

Según datos de organismos creíbles, el total de pobres y pobres extremos supera el tercio de la población total de poco más de 7 millones de habitantes.

Las políticas de Estado contra la pobreza han venido fracasando en cadena, estableciéndose en contrapartida respuestas parches como los subsidios, que en nada contribuyen a superar el ocio de hombres y mujeres en edad de trabajar.

La corrupción en la administración pública, lejos de ser erradicada, se mantiene campante con su dosis de impunidad, generando crispación en la ciudadanía que, por tanto, se ha multiplicado de indignados, que aguardan expectantes la respuesta del presidente electo a estos males que contaminan el país.

 

 

 

 

 

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