El pueblo costea el terror del EPP y la inutilidad de la FTC

Los controles de rutas y caminos son considerados pérdida de tiempo y de recursos, por los nulos resultados y la inviable posibilidad de que personas sospechosas intenten siquiera franquear estos retenes, que a la ciudadanía le cuesta mantener. (Foto: Diario ABC Color).

El pueblo paraguayo –léase ciudadanía, empresariado, funcionariado- subsidia con sus impuestos el sostenimiento de la pesada infraestructura del Estado y de Gobierno, que en el caso de la seguridad arrastra un nivel de ineficiencia abismal.

Mientras salen de los bolsillos de los contribuyentes más de 3.000 millones de guaraníes mensuales para poner en funcionamiento una maquinaria de seguridad que en la práctica de nada sirve, sino para llegar tarde a los hechos desgraciados, ciudadanos indefensos también deben hacer frente a los chantajes del ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo.

De esta manera, el pueblo se ha convertido en víctima por partida doble, en un desdichado combo que le tiene como protagonista, mientras los responsables de las políticas de Estado, y aquellos que deben tomar medidas contundentes, miran para otro lado.

A esta altura de los acontecimientos, después de dos años de “nuevo rumbo”, la gente exige resultados.

Sin hacer precisamente el “lío” que había pedido Cartes ni bien asumió su cargo de Presidente de la República, el pueblo reclama respuestas, más aun de frente a un sistema de terrorismo “sui generis” donde las víctimas no son autoridades, grandes acaudalados, burgueses, oficiales militares o policías, sino humildes peones, suboficiales, gente de a pie que no tiene arte ni parte en el poder y las decisiones.

En las últimas semanas, en coincidencia con el recrudecimiento de la violencia en el norte, soldados especiales de la Fuerza de Tarea Conjunta salieron masivamente a las rutas para realizar controles aleatorios de vehículos, cargas y documentos personales de cuantos se les cruzan por el camino, en busca de “elementos del EPP”.

El hecho, lejos de significar alivio para la población que vive en el temor, es motivo de burla, por un lado, y también de indignación.

“¿Qué esperan? ¿Que los soldados del EPP se presenten mansamente con sus papeles y se den por detenidos? ¿Hacen de tontos a los criminales, o quieren hacer pasar de tonta a la ciudadana?”, expresa en su sitio social, Marcelo Abente.

“A esta altura de los acontecimientos, ya no sabemos a quien temer: al EPP o a la FTC”, opina Ángel María Burgos.

Este lector ironizó el trabajo de las fuerzas de seguridad al expresar que “los montes del norte son tan tupidos como el mismo Amazonas, y por eso no pueden encontrar al EPP”.

En las narices de la FTC, reforzada con el involucramiento personal de los ministros de Interior y de Defensa; y de los comandantes de la Policía y las Fuerzas Militares, se registraron sucesivos casos de ejecuciones de policías y peones, y en vez de recibir explicaciones, la ciudadanía es entretenida con excusas.

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