El agua apura a los pobres de la ribera

La precarización de la calidad de vida es la cara visible de la inundación, que estos días genera nuevos damnificados que suman necesidades en los “barrios apuro”.

El comportamiento cíclico del río Paraguay no se hizo esperar mucho para mostrar su lado fuerte y dejar sin hogares a millares de familias ribereñas que van a buscar refugio en las alturas, en otro cíclico vaivén que no tiene fin.

El río Paraguay clavó su marca hidrográfica este viernes a menos de 10 centímetros de su marca crítica, que los pronosticadores estiman no sucederá en lo que resta del año.

Los damnificados son pasibles de un plan de contingencia de la Secretaría de Emergencia Nacional, que prevé la reinstalación provisoria en lugares públicos acondicionados, que incluyen la provisión de alimentos básicos y agua.

La sucesión de necesidades, sin embargo, ha generado un cúmulo de descontento, especialmente de familias que alegan no recibir las raciones prometidas.

A diferencia de años anteriores, en esta ocasión no hará mucho frío, aunque Salud Pública alertó acerca de la prevalencia de enfermedades de estación, que ya se hicieron sentir con fuerza en algunos campamentos, especialmente la epidemia de influenza que azota a la población y registra un promedio de 6.000 consultas por día.

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