Debate con fuerte contenido cosmético deja enormes dudas sobre presidenciables

Temas y respuestas preparadas en laboratorios no sorprendieron al espectador, que observa allá a lo lejos un escenario calcado de gobiernos inoperantes y corruptos con el pueblo como eterno postergado. (Foto: Diario Hoy).

Promesas proferidas con piolita, en un escenario donde la experiencia política del país induce a pensar que ninguno de los candidatos a presidente de la república, presentados en sociedad como la respuesta a los males del país, presenta un perfil medianamente preparado y creíble como para tener esperanza de que el desconcierto interno será historia después de las elecciones.

Después del debate entre Mario Abdo Benítez y Efraín Alegre que observó más de la mitad del país, se puede decir que la ciudadanía quedó pegada a la encrucijada, si se tienen en cuenta los temas abordados y la baja calidad de las respuestas, preparadas en laboratorios con variados tonos cosméticos, como si ambos compitieran por quién miente mejor o, lo que es lo mismo, si lograron vender sus mal llamados proyectos de gobierno, que en suma apenas fueron temas mediatizados que en nada ayudaron ni ayudarán a alentar que el estado de cosas actual cambiará para bien.

Lo que sí está cantado, según opinión generalizada, es que a Paraguay le espera más de lo mismo en muchos aspectos de su dinámica de vida después de las elecciones, donde voraces operadores, correligionarios y financistas –entre otros actores de la fauna interesada- estarán aguardando cumplir el añorado sueño del super zoquete, algo así como una vida de aduanero (poco o nada para el Estado, mucho para el bolsillo).

Marito, uno de los interesados en el sillón que ocuparan los López, proviene de una familia acomodada y, según su propio entorno, nació en cuna de oro.

“Desconoce la pobreza”, dijo un opositor, al evaluar las proyecciones oficiales y preguntarse cómo hará para ponerse en la piel de los necesitados a la hora de analizar reivindicaciones.

Se espera que, si gana Marito, el Gobierno volverá a llenarse de aduladores colorados, entre ellos stronistas estigmatizados por esquirlas de la dictadura que han provocado heridas nunca cicatrizadas y han llevado a muchos a renegar de la supuesta democracia representativa actual porque, en la práctica, arrastra los mismos vicios y blanquea a los mismos vectores que se encargan de transmitir las prácticas corruptas de generación en generación.

En la otra vereda, Alegre no se ha cansado de pescar en río revuelto.

Pobre en programas de gobierno y rico en descrédito, este ganadero que vive en la opulencia reivindica sin ruborizarse a tirios y troyanos, convirtiéndose en un profesional del tiroteo que ve defectos en todos, menos en él mismo y su entorno.

Las palabras del candidato liberal tendrían agarradero sintomático si no fuera porque ya le ha tocado ser actor de gobierno durante el luguismo, y no tiene argumentos para decir que fue un buen gobernante porque los números y las acciones le traicionan, ubicándoles en la larga lista de corruptos.

Con este panorama, y la ausencia de otros presidenciables medianamente potables, la lógica que le espera a nuestro país luego de las elecciones es que seguirán los mismos vicios y el pueblo continuará postergado indefinidamente.

“Lo importante no son las palabras, sino los hechos que no están en las palabras, y que precisamente rechazan las palabras”. (Augusto Roa Bastos).

 

Comentarios

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *