Cartes no está interesado en destruir el EPP

Una fuerza operativa ilegal de no más de 50 hombres pone en jaque a todo un sistema de seguridad pública conformada por soldados especiales, asesores, armas y equipos de alta gama, que en la práctica no sirven.

A juzgar por los largos meses de permanecer intocable en la vitrina del país como principal protagonista de una historia cargada de mediocridades, sospechas y fracasos, la Fuerza de Tarea Conjunta no tiene sentido ni razón de existencia.

Sumas multimillonarias en salarios, horas extras, adquisición de armamento, equipos y logística de primer nivel, en la práctica no sirven de nada.

Soldados formados en escuelas especializadas de inteligencia y combate del exterior vegetan por encima de certificados logrados con sacrificio y abnegación por ostentar en su currículum el título de “soldado especializado” en lucha antiguerrillera y afines.

Los conocimientos adquiridos no son aplicados en el terreno, debido a varios factores poco claros, manejados en un primer momento entre bambalinas para evitar caer en el juego de la crítica, pero que salen ahora desnudos ante la luz pública debido a los fracasos en serie de directivas trazadas en base a intereses sugestivos, y aun sospechosos, acerca de los reales objetivos de lo que hoy día es calificado como una aventura militar y policial.

El comandante general de la seguridad pública es el presidente Cartes, quien no está interesado en erradicar al EPP.

Ni siquiera busca provocarle molestias mayores, sino despejarle el camino para que siga operando abierta e impunemente en territorios liberados, marcándola la hoja de ruta al Gobierno.

De otra manera, no se entiende por qué el comandante-presidente se empecina caprichosamente en mantener el mismo esquema de táctica y estrategia que no lleva a ninguna parte, y encima se toma el lujo de despreciar la ayuda extranjera –que la ciudadanía reclama a gritos- con el falso argumento de que “podemos solos”.

Un soldado raso de cualquier arma sabe que para localizar a un enemigo no visible se deben adoptar estrategias comunes en todos los terrenos de lucha, entre ellos rodear las zonas de movimientos sospechosos, establecer un sistema de presión circular permanente y avanzar sin pausas, sin dejar resquicios de escape.

En algún momento, el blanco quedará atrapado y se podrá proceder en consecuencia, como se afirma que ha ocurrido en determinados procedimientos de la FTC, sin llegarse a la culminación de los operativos porque nunca llegaba la orden superior de ataque.

Casos en que el enemigo estaba en el visor de la mira telescópica de los modernos fusiles de asalto de los soldados de la FTC, que no podían disparar o capturar porque no recibían la orden de arriba, existen a montones.

Los militares y policías de elite tampoco saben explicar cómo es que 50 criminales armados escondidos en los montes no pueden ser atrapados, a pesar de tener encima la presión de helicópteros, aviones, vehículos artillados y blindados, armas sofisticadas al estilo Rambo, logística de alta gama y hombres bien adiestrados.

Nada de esto, evidentemente, importa al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que con su inacción, omisión y fracasos en serie demuestra estar cómodo con el EPP y las bandas organizadas de narcotraficantes en el norte, mientras la ciudadanía sufre las secuelas de la inseguridad y el ambiente de terror que impregna la república.

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