Cartes es culpable directo del repudio y burla a sus “fuerzas especiales”

Hasta el hartazgo, la ciudadanía se ha venido expresando en competencia libre acerca de la inutilidad de las Fuerzas de Tarea Conjunta (FTC) para garantizar la vida y la seguridad en el norte del país, y el derroche que significa mantener ese cuerpo de élite que en la práctica demuestra cero resultados.

Expertos militares y policiales coinciden en la ineficacia de meter en la misma bolsa a combatientes de uniforme, misión y objetivos totalmente distintos, y que históricamente han demostrado una aversión mutua a la hora de juntarse a trabajar.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde todo este tiempo que el ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) se mantiene en la rutina de temor de un vasto sector del norte del Paraguay, y lo más penoso es que ningún Gobierno ha mostrado avance en la lucha para exterminar ese grupo armado de perfil criminal, que sustentado en la impunidad opera a placer en los montes y zonas urbanas.

El Gobierno, y solo el Gobierno, es culpable de este estado de cosas, al mostrarse tolerante con los narcotraficantes secuestradores y permitirles tomar dominio de extensiones y vidas, mirando para otro lado ante el clamor de seguridad del pueblo violentado y dolido en sus derechos de paz y libertad.

Ahora mismo, Edelio Morínigo y Félix Urbieta siguen en poder del EPP, después de que dos menonitas fueran puestos en libertad hace unos días por expresa y exclusiva decisión del grupo armado.

Sin embargo, nada ni nadie hace pensar que el rescate de estos compatriotas está en plan de ejecución, sino todo lo contrario.

La ciudadanía indignada apuesta a que todo seguirá como antes, como siempre, en una extraña “política de gobierno” que ha levantado todo tipo de sospechas, desde la asociación ilícita entre las autoridades y la mafia, hasta el rumor de que es mejor aceptar el secuestro de unos pocos, en detrimento del riesgo de perder votos por la segura acción de los sectores políticos y sociales que comulgan abierta o solapadamente con el crimen del EPP.

Por el poco tiempo de vida que le sobra a Cartes en el poder, es lógico deducir que ya nada hará para salvar de la tormenta a la ciudadanía en peligro, por lo cual solo resta rezar y esperar que el futuro Gobierno se anime a luchar en los papeles y en el terreno contra el diabólico EPP, para acabar definitivamente con el miedo colectivo y las lágrimas de los familiares de secuestrados, que acusan en carne propia el sabor de un gobierno absolutamente inútil a la hora de garantizar un derecho humano inalienable como es la vida.

 

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