Cartes debe despertarse para evitar el caos en Paraguay

Adormecido en el cargo, el presidente Cartes enfrenta los rigores de un clima de inseguridad candente, ante la amenaza latente de caos precipitada por su inacción para tomar decisiones de peso.

El asesinato, por causas que se investigan pero que no extrañaría que se trate de un ajuste de cuentas o quema de archivo, de un concejal en la localidad de Yhú, vinculada a narcos, pone entre la espada y la pared al presidente Cartes.

El nuevo caso se suma a otros hechos emblemáticos que ensucian el ambiente de seguridad, como los secuestros de Arlan Fick y el policía Edelio Morínigo, a los que se agregan las “molestias” ocasionadas al narcotráfico luego del asesinato del periodista Pablo Medina.

El presidente de la República debe tener siempre presente que la suma de responsabilidades en el tema seguridad –entre tantas otras- recae sobre sus espaldas, y que está en el momento cumbre para tomar decisiones de bulto.

La gente se pregunta cómo es que, contra viento y marea, mantiene en el cargo al ministro del Interior, Francisco De Vargas, quien en todo este tiempo de gestión se ha mostrado impotente para frenar el auge de la delincuencia y la criminalidad.

Tampoco ha hecho nada sustancial para frenar el peso que significa la impunidad con que opera el ilegal Ejército del Pueblo Paraguayo en territorios liberados del Norte.

A través del canciller Loizaga, Cartes ha hecho conocer su oposición al involucramiento directo de fuerzas especiales de Brasil, Estados Unidos o Israel en la lucha contra el EPP.

“Es nuestro problema”, dijo orondo el ministro de Relaciones Exteriores, ante lo cual sectores ciudadanos reaccionaron y señalaron que ojalá no llegue el momento que diga: “Este muerto es nuestro”, en referencia específica a la amenaza que pende sobre la vida del policía cautivo.

En todo este tiempo, el Gobierno no ha dado señales de reacción contundente para normalizar el estado de cosas y devolverle a la población su perdida seguridad.

Antes bien, Cartes se ha recluido en su búnker, en una decisión, que por lo visto y oído, de nada le sirve al país.

Es hora que el Presidente asuma las horas delicadas que enfrenta el país en materia de seguridad, especialmente, y decida poner manos a la obra, antes que el infortunio acabe por enamorarse perdidamente del Paraguay.

 

 

 

 

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