Caminos convertidos en ríos hacen más difícil la vida de inundados en Yabebyry

Imagen patética de las condiciones actuales de los caminos en la amplia región misionera, donde las máquinas nada pueden hacer y los pobladores pasan penurias para el traslado.

Como pocas veces, las lluvias continuadas registradas en mayo pasado complicaron gravemente la situación de pobladores de una amplia región del sur de Misiones, donde los caminos departamentales y zonales se han convertido en trampas para los vehículos por el gran caudal de agua acumulada y las dificultades para el escurrimiento debido a las especiales características de una geografía plana y subsuelo arcilloso que no absorbe líquido.

La recurrencia de asistencias públicas y de entidades privadas hace más llevadera la vida de millares de familias damnificadas, que sin embargo no pueden movilizarse debido a la falta de vehículos, mientras el transporte público hace tiempo suspendió indefinidamente sus servicios.

En la eventualidad, los pobladores de la amplia región deben recurrir a la misericordia de terceros, entre ellos patrulleras de la Policía, camiones de la Municipalidad y caballos, para trasladarse de un lugar a otro, especialmente en casos de imponderables de salud, la adquisición de provistas y la venta de productos caseros como queso, leche y mandioca, para la generación de ingresos.

De acuerdo a datos de técnicos viales instalados en la zona, las reparaciones se tornan insostenibles en estos momentos debido al suelo extremadamente anegado, por lo cual las máquinas se limitan a hacer entubamientos ocasionales y valos.

Otros tractores se encargan de asistir a vehículos empantanados, especialmente transportes de ayudas que cada tanto piden auxilio, al igual que las camionetas de la Policía y del Centro de Salud.

Yabebyry está localizada a unos 60 kilómetros de la ciudad de San Ignacio y unos 30 kilómetros de Ayolas.

La mayoría de la gente se dedica a actividades informales y a la pesca, mientras la producción es ofertada, en condiciones viales normales, a comerciantes provenientes de diversas partes del país.

La población joven, ni bien termina sus estudios de bachillerato, emigra forzosamente a otras ciudades e incluso a otros países, como Argentina o Brasil, en busca de mejores horizontes.

“En medio de tanta tristeza, para nosotros es un alivio que instituciones y organizaciones de varios lugares se interesen por nuestra situación y nos hagan llegar alimentos, medicinas y otros tipos de ayudas”, afirmó Hilda Almada, pobladora de la localidad de Panchito López.

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