Autoridades inútiles, incapaces de administrar la salud de un pueblo marginado

Ancianas lamentan sus penas, marginadas del sistema de salud del “nuevo rumbo”, mientras las autoridades que dicen representarlas se duermen en sus sillas, tratando de antipatriotas a quienes defienden su derecho a la vida con salud digna, adecuada y oportuna para todos.

Nueva Colombia es un pueblo pintoresco del departamento de Cordillera donde sus 5.000 habitantes están en posición de rebeldía contra el poder anquilosado, soberbio, vengativo y enormemente perjudicial para el derecho de vida digna con salud integral, oportuna y adecuada que reclaman al unísono.

Ni el intendente municipal, Nelson Ruiz, ni los concejales comunales, ni el director del puesto de salud, ni la directora de la 3ª. Región Sanitaria, ni el gobernador y los dos diputados departamentales han sido capaces de articular estrategias interinstitucionales para que, imbuidos de un ápice de patriotismo y amor por los demás, logren adquirir la reclamada ambulancia para la comunidad necesitada.

Ni siquiera son capaces de conseguir un vehículo usado para ser debidamente acondicionado y, sin más pérdida de tiempo y recursos, ser puesto a disposición de la gente.

Antes bien, las personas que están sentadas en sillón de autoridad se han desentendido de la grave situación, mirando para otro lado, mientras la población sufre las consecuencias del fracaso de la política de Estado de salud pública, con un puesto sanitario que no ofrece nada.

Se multiplican los casos de embarazadas que dan a luz en lugares impropios, camino a otros pueblos o refugios de parteras adonde llegan a las apuradas, acercadas por espíritus solidarios aparecidos al azar.

Accidentados que deben apelar a la conmiseración de extraños que pasan por el pueblo y son alteados por la misma gente que mañana puede estar en el mismo lugar y tendrá que repetir la rutina, obligatoria y dolorosamente, porque Nueva Colombia no tiene respuesta para ellos.

Nada es, o debe ser, más importante que la salud de un pueblo, pero ello no quieren entender las autoridades, quienes seguramente cuentan con vehículo, seguro y recursos para solucionar sin medias vueltas cualquier apuro privado de salud.

Este jueves, la señora Rafaela González de Bareiro cumple 59 días de huelga de hambre, en demanda de atención digna a la salud de su pueblo.

Para las autoridades, se trata de una simple anécdota sin eco y, en consecuencia, se lavan las manos, pero ensucian su conciencia.

Nadie tiene en cuenta que está en juego la vida de un ser humano. Todos a una se desentienden de la grave y triste situación, y hacen pasar los días sin despeinarse, tal vez aguardando la época de elecciones, cuando sí tendrán que salir a las calles a pedir votos.

Afortunadamente, la población ha sabido separar la paja del trigo y, en su momento, sabrá a quién le confiará su voto en aquel momento, donde los discursos de nada servirán sino los hechos, aquellos que les condenan como servidores públicos.

Comentarios

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *